El triptófano y la depresión (II)


J. C. Ruiz Franco

Este artículo fue publicado originalmente en la revista Cannabis Magazine

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Los problemas del Prozac®

Son numerosos los efectos secundarios que puede producir el buque insignia de los antidepresivos modernos, y que de hecho ha producido en sus años de existencia. Ha habido casos realmente espectaculares, presuntamente imputables al fármaco, como por ejemplo el de Joseph Wesbecker, que en 1989 disparó a varias personas, mató a ocho, hirió a doce y después se suicidó. El aludido había estado tomando fluoxetina durante cuatro semanas, por lo que las familias de las víctimas tomaron acciones legales contra Eli Lilly, fabricante del Prozac®. Posteriormente ha habido otros sucesos que han sugerido una posible relación entre el consumo de fluoxetina (y otros antidepresivos) y determinados actos violentos. También se ha establecido cierta relación entre este tipo de productos y la tendencia al suicidio, especialmente durante las primeras semanas de uso. En términos generales, sus efectos adversos son frecuentes, y pueden llegar a afectar hasta a un 30% de los pacientes, aunque suelen ser de carácter moderado. Se calcula que un 15% de los pacientes que lo toman se ven obligados a suspender el tratamiento debido a los problemas asociados a su uso. Según los prospectos farmacéuticos, los más frecuentes suelen ser cefalea, náuseas, ansiedad, insomnio, anorexia, pérdida de peso y diarrea. En algunos casos pueden aparecer temblor, mareos, sequedad de boca, manía o hipomanía, astenia, sedación, reducción de la libido, sudoración, dispepsia, estreñimiento, vómitos, dolor abdominal, prurito, síntomas gripales, tos, disnea, sofocos, palpitaciones, trastornos de la acomodación, congestión nasal, alteraciones del sueño e incontinencia urinaria. Raramente pueden aparecer convulsiones, acatisia, ataxia, alucinaciones, neuropatía, psicosis, estomatitis, gingivitis, rinitis, epistaxis, dermatitis de contacto, alopecia, sequedad de la piel, urticaria, edema, escalofríos, hipo, hipotensión ortostática, migraña, taquicardia, arritmia cardíaca, amenorrea, cistitis, disuria, impotencia sexual, tinnitus, conjuntivitis. Excepcionalmente pueden aparecer parestesia, distonía, hemorragia digestiva, hepatitis, ictericia, bradicardia, diplopia, fotofobia, púrpura.

 

 

Eficacia no demostrada

Además de sus efectos secundarios, algunos estudios han puesto en duda la eficacia del Prozac® en los sujetos diagnosticados con depresión leve o moderada, las más frecuentes. En un artículo publicado en el año 2005 por la revista PLoS Medicine, se concluye que la fluoxetina tiene el mismo efecto que la ingestión de placebos, ya que parece quedar demostrado que los diagnosticados con depresión leve o moderada obtendrían los mismos resultados con un placebo que con la toma de este antidepresivo. Lo mismo sucede, según el citado estudio, con otros dos antidepresivos muy populares, la venlafaxina y la paroxetina. Estos fármacos sólo serían útiles en depresiones severas, que son precisamente las únicas donde realmente puede haber alguna alteración biológica, y por tanto estaría más justificada la administración de una droga modificadora de la neurotransmisión.

 

Otra crítica procede del hecho de que, durante el proceso de investigación previo a la comercialización de un antidepresivo, los estudios con resultados negativos no llegan a publicarse. El doctor Erick Turner —médico y profesor de psiquiatría— y sus colaboradores llegaron a la conclusión de que existe un sesgo hacia la publicación de resultados positivos, y los que no lo son se presentan de forma que lo parezcan. Después de revisar numerosos ensayos, observaron que las conclusiones de casi todos eran positivas; sin embargo, el análisis efectuado por la FDA (Food and Drug Administration) demostró que apenas la mitad de las investigaciones arrojaba ese tipo de resultados. Un artículo similar, publicado en el año 2003 en la prestigiosa revista British Medical Journal, concluía que hay cierta tendencia a favorecer a los fármacos producidos por las compañías farmacéuticas que financian las investigaciones, en detrimento de los ajenos a ellas.

 

Por último, del mismo modo que se investigan más los fármacos de las compañías que financian los estudios (normalmente las más poderosas y con mejor infraestructura), y éstos salen favorecidos en los resultados, prácticamente no existen investigaciones sobre productos alternativos que pueden ofrecer los mismos —o más— beneficios terapéuticos y menos efectos adversos. La razón es que en este caso no existen intereses comerciales. Es lo que sucede, por ejemplo, con el hipérico, una planta empleada desde hace siglos contra la melancolía (la denominación de esta dolencia a lo largo de la historia, hasta que la medicina moderna la rebautizó como “depresión” y la convirtió en un trastorno orgánico), y con el triptófano. De todas formas, debemos ser honestos y reconocer que los antidepresivos actuales presentan menos efectos secundarios que los IMAOs y los tricíclicos, los únicos disponibles hasta finales de los ochenta, lo cual constituye todo un avance. También es cierto que estos productos mejoran enormemente la calidad de vida de miles de personas. Los psicofármacos modernos permiten que muchas personas —que antes sólo podían vivir recluidas en centros psiquiátricos para evitar autolesionarse o dañar a otros— puedan llevar una vida casi normal y con cierta independencia. Ahora bien, lo que resulta intolerable —y aquí reside el fundamento de nuestras críticas— es que parte del gremio médico —en especial los psiquiatras— considere a estas drogas verdaderas panaceas y que nos las presente de este modo, como si no tuvieran efectos adversos y como si curaran las dolencias para las que se prescriben, cuando lo cierto es que no curan nada, sino que se limitan a tapar los síntomas, y que en realidad no hay nada que curar.

 

 

 

El triptófano frente a los antidepresivos

Frente a los problemas propios del Prozac® y los demás fármacos antidepresivos, el triptófano conlleva menos posibles efectos secundarios. Los antidepresivos, al igual que los tranquilizantes —y también lo mismo que los analgésicos, los antibióticos, los productos hormonales y otras muchas sustancias—, son drogas en el sentido preciso e histórico del término. Entran en nuestro cuerpo y éste no los asimila, sino que producen ciertas alteraciones (unas beneficiosas, el efecto deseado; otras perjudiciales, los efectos adversos) y después las excretamos. Eso es lo que define a una droga, en contraste con un alimento, que es asimilado por el organismo e integrado en él en forma de glucógeno, proteína, grasa, etc. Como bien dice Escohotado, “las cosas que entran en nuestro cuerpo por cualquier vía (…) pueden ser asimiladas y convertidas en materia para nuevas células, aunque pueden también resistir esa asimilación inmediata”. Las que podemos asimilar las denominamos alimentos. Las que no asimilamos pueden clasificarse en dos categorías: las que “son expulsadas intactas, sin ejercer ningún efecto sobre la masa muscular o el estado de ánimo” y las que “provocan una intensa reacción. Este segundo tipo de cosas comprende las drogas en general, que afectan de modo notable aunque absorbamos cantidades ínfimas, en comparación con las cantidades de alimentos ingeridas cada día”.

 

Los librepensadores no creemos en la interesada y manipuladora diferenciación entre droga y medicamento, por la cual ciertos sectores pretenden hacernos creer que las drogas son sustancias peligrosas con las que hay que tener cuidado, y que en cambio los medicamentos son productos beneficiosos que el doctor nos receta para cuidar de nuestra salud, y que compramos en la farmacia con todas las garantías. Los antidepresivos, los tranquilizantes, los antibióticos, los analgésicos… son drogas porque causan modificaciones somáticas, igual que el cannabis, la cocaína, los psiquedélicos y los opiáceos. Que unos sean de venta legal y otros estén prohibidos no conlleva ninguna modificación de sus propiedades intrínsecas, ni convierte a unos útiles y a otros en perjudiciales; más bien nos hace sospechar que a alguien le ha interesado prohibir unos y fomentar la venta de otros. Sus efectos positivos o negativos dependen del buen o mal uso que se haga de ellos. Por ejemplo, tomar un comprimido de ácido acetilsalicílico sirve para quitarnos un dolor de cabeza, pero si tragamos una caja entera debemos dirigirnos rápidamente hacia un hospital para que nos hagan un lavado de estómago, o de lo contrario nuestra vida correrá peligro. La administración puntual de un tranquilizante benzodiacepínico permite relajarse a quien sufre ansiedad o nerviosismo por algún motivo; en cambio, un consumo demasiado frecuente puede generar ciertos problemas e incluso una dependencia que es difícil superar. Lo mismo sucede con las demás drogas: una dosis adecuada de cannabis permite, a quienes padecen ciertas dolencias, tener una buena calidad de vida; y a quien no las tiene, disfrutar de un bonito día de esparcimiento. Una cantidad moderada de MDMA o de algún psiquedélico servirá como vehículo de autoconocimiento. Etc. En cambio, una dosis excesiva o un consumo demasiado frecuente pueden causar daños.

 

El motivo de esta digresión es poner de manifiesto que los antidepresivos son drogas —con todo lo que esto conlleva— y que como tales hay que manejarlos. Reconocemos que en algunas ocasiones criticamos demasiado los productos de uso psiquiátrico, pero el lector sabe muy bien que se debe a que queremos contrarrestar la manipulación y la hipocresía que tanto abundan. Por ejemplo, se recetan psicofármacos a discreción asegurando que no tienen efectos secundarios, cuando lo cierto es que son numerosos: más, en términos generales, que sustancias como el cannabis, el MDMA, la ketamina o ciertos psiquedélicos de fácil manejo, que serían más beneficiosas para las personas con problemas psíquicos. De hecho, últimamente se están publicando estudios que lo confirman. En cambio, el triptófano no es una droga, sino un alimento o uno de los componentes de un alimento (uno de los aminoácidos de la proteína). Con esto no queremos decir que lo natural sea mejor o menos perjudicial que lo químico, pero lo importante es que puede ayudarnos en ciertas dolencias sin causar las alteraciones propias de una droga.

 

Propiedades del triptófano

El triptófano es un aminoácido esencial, que forma parte de las proteínas y es necesario tomarlo con la dieta diaria. Desempeña varias funciones, entre ellas la de ser precursor de la niacina (vitamina B3) y del neurotransmisor serotonina, que es lo que aquí nos interesa. Ya hemos comentado que somos mucho más escépticos que antes en lo que a la hipótesis aminérgica se refiere (la que afirma que los trastornos afectivos surgen por la deficiencia de ciertos neurotransmisores), pero aceptándola de forma transitoria diremos que la cantidad de triptófano que ingerimos influye en la serotonina que nuestro cerebro produce, que a su vez interviene en procesos tan importantes como el sueño y la estabilidad emocional. También se ha utilizado para reducir algunos tipos de dolor, en concreto de cabeza, de dientes y el asociado con el cáncer, ya que la serotonina interviene en la transmisión nociceptiva. El especialista en el tema Thierry Souccar nos dice, en La revolución de las vitaminas, que el triptófano es tan eficaz como los somníferos para combatir insomnio y que carece de sus efectos secundarios. Añade que no se receta porque es un producto barato y, al ser natural, ninguna compañía farmacéutica puede patentarlo. Además, nunca ha causado ningún problema de salud excepto la adulteración de la que fue culpable una de las empresas fabricantes, que ya relatamos hace unos meses. Según este autor, 3.000 miligramos de triptófano diarios duplican la tasa de serotonina en nuestro organismo. Debe tomarse antes de dormir y al menos dos horas después de haber comido. Souccar también recomienda el triptófano para las depresiones leves, el trastorno maníaco-depresivo, así como para disminuir la agresividad asociada con la esquizofrenia. El autor de estas líneas también trató sobre el triptófano en su libro Drogas Inteligentes, y lo que estamos ofreciendo aquí al lector servirá de base para una obra futura más amplia y detallada.

 

 

Estudios sobre las aplicaciones terapéuticas del triptófano

Vamos a resumir algunas de las investigaciones más relevantes a la hora de establecer la utilidad de nuestro aminoácido. Un ensayo del Laboratorio Nacional de la Universidad de Berkeley confirmó los datos que respaldaban la tesis de que tomar el precursor de un neurotransmisor puede tener valor terapéutico, especialmente en pacientes con depresión leve o moderada. El estudio concluía que, cuando la depresión no es grave, parece razonable usar precursores dado que prácticamente no presentan efectos secundarios. Un estudio realizado por unos investigadores de la Facultad de Psicología de Fairleigh Dickinson, Nueva Jersey, comparó en 1990 el efecto del L-triptófano con un placebo y con la luminoterapia (exposición a una fuente de luz artificial) en trece pacientes con síndrome afectivo estacional. La administración del aminoácido y la luminoterapia ofrecieron resultados similares, muy superiores a los del grupo placebo. Otra investigación se propuso como objetivo saber si la administración de 1 gramo de triptófano, tres veces al día, podía ayudar a quienes padecen depresión, cuando la luminoterapia por sí sola no producía ningún efecto. Comenzaron el tratamiento dieciséis pacientes; de ellos, dos lo abandonaron. De los catorce restantes, nueve mostraron buenos resultados, por lo que la conclusión fue que el triptófano aumenta el efecto de la luminoterapia.

 

Pasando a otra aplicación terapéutica del triptófano, en un estudio doble ciego de dos semanas de duración, veinticuatro pacientes recientemente diagnosticados de manía recibieron doce gramos diarios de L-triptófano. Durante la segunda semana, la mitad de los pacientes siguieron tomando triptófano y la otra mitad recibió un placebo. En la primera semana todos los pacientes presentaron una mejoría de sus síntomas maníacos. En la segunda semana, quienes siguieron tomando el aminoácido mantuvieron los beneficios, y quienes pasaron a tomar el placebo notaron un incremento de sus síntomas maníacos. Otra de las indicaciones que hemos citado es en algunos tipos de dolor crónico. En un estudio doble ciego y aleatorizado se comprobó la eficacia de la administración de tres gramos diarios de triptófano en treinta pacientes con dolor maxilofacial crónico. En cuatro semanas hubo una importante reducción del dolor subjetivo y un aumento de la tolerancia al dolor en el grupo que tomó el triptófano, en comparación con el grupo placebo. No obstante, la aplicación más común ha sido para mejorar el sueño. Ya en 1970 se realizó un ensayo en el que siete pacientes con insomnio que recibieron L-triptófano experimentaron un aumento en el sueño total y en el sueño no REM cuando tomaron el aminoácido, en comparación con los períodos en que no lo tomaron. Una revisión realizada en el año 1983 sobre esta propiedad del L-triptófano llegó a la conclusión de que produce un incremento en la sensación subjetiva de sueño y una disminución del tiempo de latencia (el que transcurre desde que nos acostamos hasta que nos dormimos). Hubo menos datos que indicaran una disminución del tiempo total de vigilia o un aumento del tiempo total de sueño. Los mejores resultados se encontraron en sujetos con insomnio leve o en sujetos normales que tardaban más de lo habitual en dormirse.

 

¿Cómo conseguir triptófano?

Tal como explicamos en las entregas anteriores, el triptófano que contienen de forma natural las proteínas de los alimentos que comemos no sirve para elevar nuestro nivel de serotonina. Sí puede servirnos si lo tomamos como aminoácido aislado, con el estómago vacío, preferiblemente antes de acostarnos y con cierta cantidad de glúcidos puros (glucosa, fructosa o sacarosa) y nada de proteínas. Tengan en cuenta los lectores que, aunque normalmente se hable de triptófano, en realidad se hace referencia al L-triptófano, es decir, la versión levógira, que es la activa. Hay muchas marcas que comercializan este aminoácido. Para comprobarlo, basta con escribir en Google “comprar triptófano” o “buy tryptophan”. Sin embargo, hay que tener cuidado porque nada ni nadie nos garantiza que estemos comprando el contenido que refleja el fabricante en la etiqueta. La mayoría de los productos son de compañías que se dedican a la nutrición general o a la nutrición deportiva. Si eligen una de estas marcas, deben estar seguros de que se haya ganado un merecido prestigio y de que sea completamente fiable, ya que nadie controla que los comprimidos o cápsulas contengan realmente lo que dice el envase. Al comercializarse como productos nutricionales no tienen que pasar el control al que están sometidos los fármacos: puede que tengan menos, quizá no tengan nada, o tal vez contengan otra sustancia.

 

También hay que andar con cuidado con las afirmaciones publicitarias no demostradas. Les relataré lo que sucedía hace unos años. A finales de los años ochenta y durante toda la década de los noventa era muy habitual que algunos deportistas —especialmente los de fuerza y los de resistencia extrema— tomaran aminoácidos. Estaban muy de moda, y algunos fabricantes se aprovechaban diciendo medias verdades y ampliando los posibles beneficios de los aminoácidos hasta límites insospechados. En el caso del triptófano, se decía que una dosis de 1 a 3 gramos, ingerida con el estómago vacío antes de dormir, además de mejorar el sueño permitía aumentar la secreción de hormona del crecimiento. Esto sonaba bien —demasiado bien— a los deportistas de fuerza y potencia, en una época en que se puso de moda la administración inyectable de esta hormona entre la élite. Sin embargo, lo cierto es que la capacidad de algunos aminoácidos para aumentar la secreción endógena de la hormona del crecimiento se tomó de una serie de estudios en los que los sujetos habían recibido cantidades bastante elevadas y además por vía inyectable; en comparación, unos cuantos comprimidos no podían aportar nada. Además, como ya he dicho, nada ni nadie garantizaba que esos productos contuvieran realmente esos aminoácidos. Una posible solución para los interesados en tomar L-triptófano consistiría en adquirirlo en farmacias, pero es una tarea imposible porque ninguna compañía lo comercializa. Hace unos veinte años conseguí comprar 100 gramos en una farmacia —que a su vez lo encargó a un laboratorio— a un precio no demasiado caro (3.000 pesetas de aquella época), pero no creo que actualmente ninguna se preste a tal cosa. Además, disponemos de otro producto similar —e incluso más eficaz—, pero de eso hablaremos en la próxima entrega; no me sean impacientes. Una alternativa bastante aceptable es adquirirlo en alguno de los establecimientos especializados en productos químicos que quedan en España (no demasiados, por cierto). Despachan los artículos junto con la ficha de análisis de laboratorio, la cual nos garantiza el contenido y su pureza. En pleno centro de Madrid hay una de estas tiendas, pero no voy a dar el nombre para no hacer publicidad; estoy seguro de que los interesados podrán localizarla en Google con los datos que he ofrecido. Ahora bien, no pregunten a los empleados información sobre lo que vayan a comprar, porque su trabajo es vender lo que el cliente solicite, no asesorar.

 

 

 

 

El 5- hidroxitriptófano

El triptófano es el aminoácido precursor de la serotonina, pero que antes tiene que transformarse en 5-hidroxitriptófano (5-htp), un metabolito suyo, que es el que realmente se convierte en serotonina (5-hidroxitriptamina). Por tanto, el 5-htp es el precursor directo de este neurotransmisor. Además, como ya hemos comentado, hay que tener presentes ciertos factores que pueden influir en la llegada del triptófano al cerebro cuando tiene que traspasar la barrera sangre-cerebro. Pues bien, tomando 5-htp directamente podemos olvidarnos de todo eso al saltarnos un paso en el proceso hacia el objetivo final, y estaremos seguros de lograr nuestro propósito porque cruza sin problemas la barrera hematoencefálica. Algún lector pensará que lo más fácil sería ingerir serotonina directamente, pero esto no serviría porque no puede llegar al cerebro.

 

Las indicaciones del 5-htp

Desde comienzos de la década de los setenta se investigó la utilidad del 5-htp, y ya en aquella época se observó que mejoraba en gran medida el estado de los pacientes diagnosticados de depresión. La mala noticia es que los alimentos contienen cantidades muy reducidas, por lo que debe tomarse en forma de medicamento. Hay muchos estudios que muestran que es eficaz contra la depresión, sin los efectos secundarios de los antidepresivos normales. Por ejemplo, un estudio de revisión realizado por el doctor Birdsall en el año 1998, describía el 5-htp como un fármaco con buena absorción, que cruza fácilmente la barrera hematoencefálica, que incrementa la síntesis de serotonina en el sistema nervioso central y que ha demostrado ser eficaz en varias patologías, por ejemplo la depresión, la fibromialgia, la bulimia y el insomnio. Sin embargo, suele ser olvidado o menospreciado por los psiquiatras. No hace falta que expliquemos el motivo porque nuestros lectores seguramente lo conocerán. En lo que concierne a las compañías farmacéuticas, el 5-htp no es una fórmula que puedan patentar, lo que implica pocos beneficios. Los antidepresivos comerciales son productos que puede comercializar sólo la empresa que disponga de la patente, mientras ésta no expire. Esto supone pingües ganancias, como hemos dicho, y justifica el dinero invertido en investigación. En cambio, el 5-htp y todas las sustancias que existen de algún modo en la naturaleza no pueden patentarse porque su fórmula no es propiedad de nadie. Podría suceder que una compañía farmacéutica decidiera apostar por uno de estos fármacos, lo estudiara, lo comercializara, lo publicitara, etc., para encontrarse con que otra ha hecho lo mismo.

 

Estudios con el 5-htp

La consecuencia más negativa de lo que estamos diciendo es que un ensayo en toda regla cuesta mucho, y si no hay beneficios a la vista, una empresa (que existe para ganar dinero, no lo olvidemos) difícilmente va a dedicarse a evaluar posibles fármacos mediante estudios de doble ciego y otros procedimientos complejos y costosos. Si no se investiga la utilidad de productos como el 5-htp, menos aún interesa compararlos con los antidepresivos comerciales. En este sentido, el estudio que realizó el doctor Pöldinger, en la Clínica Psiquiátrica Universitaria de Basilea, es toda una excepción. Este investigador decidió comparar el 5-htp con la fluvoxamina, un antidepresivo ISRS de los más utilizados. El estudio fue doble ciego y contó con un grupo control. Los sujetos fueron pacientes diagnosticados de depresión. Después de la sexta semana, el grupo de quienes tomaron 100 miligramos de 5-htp, tres veces al día, mostró el mismo grado de mejora que el de los que tomaron 150 miligramos de fluvoxamina, también tres veces al día. Además, el grupo del 5-htp tuvo muchos menos efectos secundarios. Tal como hemos explicado en otras ocasiones, aunque el resultado final pueda ser el mismo (incremento de la serotonina en las sinapsis), el mecanismo de los dos fármacos es muy distinto. El 5-htp aumenta la serotonina porque es su precursor directo, es decir, es una sustancia que produce directamente una elevación del nivel de este neurotransmisor, sin alterar ningún proceso neuronal. En cambio, los antidepresivos incrementan la serotonina porque impiden que se reabsorba la liberada en la sinapsis (con lo que permiten que siga ejerciendo su acción), lo cual implica en todos los casos alguna modificación neuronal.

 

Pöldinger añade que la fluvoxamina actúa específicamente sobre la reabsorción de la serotonina y no muestra prácticamente ninguna otra actividad (por ejemplo, sobre la noradrenalina o la dopamina). En cambio, el 5-htp no sólo se convierte en serotonina en las neuronas serotoninérgicas, sino también en las dopaminérgicas y en las noradrenérgicas, con lo que actúa como falso transmisor y estimula otros mecanismos antidepresivos, además del relacionado con la serotonina. Pöldinger también fue quien propuso el llamado ‘síndrome de deficiencia de serotonina’, que puede manifestarse en forma de depresión, ansiedad, insomnio, migrañas, agresividad, alcoholismo o bulimia, entre otros trastornos. Todos ellos constituirían síntomas que no son más que reflejos del verdadero padecimiento endógeno, un bajo nivel de este neurotransmisor. Por tanto, la forma de tratarlos consistiría en elevarlo tomando algún fármaco que cumpliera ese objetivo, preferiblemente el 5-htp. Hay otro estudio similar, aunque más antiguo: el de Angst y colaboradores, efectuado en el Hospital Psiquiátrico de Zurich, que comparó el 5-htp con la imipramina, un antidepresivo tricíclico. No hubo diferencia en cuanto a los resultados terapéuticos, y el 5-htp causó menos efectos secundarios.

 

 

 

El prospecto farmacológico del 5-htp

El prospecto lo describe como precursor fisiológico de la serotonina y antidepresivo. Cita como indicaciones la depresión, cuando existe un déficit de serotonina, y coadyuvante en la epilepsia. La dosis recomendada es de 100 miligramos (una cápsula) cada doce horas, con la posibilidad de incrementarla, si es necesario, hasta los 300 – 600 miligramos diarios. Como posibles efectos adversos, que son infrecuentes, leves y transitorios, el prospecto cita un aumento del peristaltismo digestivo causado por la formación periférica de serotonina, que podría dar lugar a náuseas, vómitos y diarrea. Otros posibles efectos secundarios son cefaleas y sequedad de boca. En todos los casos, los inconvenientes desaparecen al cesar la administración. No debe tomarse junto con fármacos antidepresivos ni con ningún otro producto potenciador de la serotonina, debido al riesgo de síndrome serotoninérgico. Por la misma razón, hay que tener cuidado de no superar las dosis recomendadas.

 

Contra el insomnio

Hemos hablado sobre la depresión, pero otra aplicación bastante común es el insomnio, especialmente el primario o dificultad para conciliar el sueño. De hecho, en mi caso personal, conocí por primera vez el triptófano (y poco después, gracias a él, el 5-htp o 5-hidroxitriptófano) por un artículo que hablaba sobre esta indicación terapéutica. Y se trataba precisamente del mismo artículo que introdujo este aminoácido —y dio a conocer esta aplicación— entre los deportistas de fuerza (halterofilia, powerlifting y culturismo). Era nada menos que Frank Zane, Mister Olympia (el máximo título en el mundo del culturismo) en los años 1977, 1978 y 1979, quien escribía sobre cómo mejorar el sueño y el descanso con el triptófano, y la revista era Scientific Body Flex, la que a mediados y finales de los ochenta ofrecía en España la mejor información para los asiduos al gimnasio y los amantes de las pesas.

 

La conversión periférica de serotonina. ¿Un problema?

Según algunos autores, la conversión de 5-htp en serotonina antes de llegar al cerebro puede causar diarreas y problemas cardíacos debido a su acción sobre el sistema digestivo y el corazón. Esos mismos autores recomiendan tomarlo junto con carbidopa, la cual, al ralentizar el proceso, permite que se convierta en serotonina sólo en el cerebro. No obstante, la cantidad transformada no parece justificar el hecho de ingerir una sustancia que, en combinación con el 5-htp, puede causar efectos secundarios peores que los que pretende evitar. La mayoría de los estudios muestran que el 5-htp, tomado en cantidades bajas o moderadas, no causa este tipo de problemas. Lo que sí parece cierto es que hay que dejar al menos dos horas entre su administración y la de la vitamina B6, que puede acelerar la conversión a serotonina.

 

Cómo conseguir 5-htp

Siguiendo nuestra política habitual de no citar nombres de medicamentos, no vamos a mencionar la marca que comercializa el 5-htp en farmacias españolas, pero los lectores que aún no lo conozcan se enterarán rápidamente buscando “oxitriptán” en Google. En Estados Unidos, Canadá y Gran Bretaña existe como suplemento alimentario, y puede adquirirse desde España por Internet, pero es preferible tomar el producto de venta en farmacias, ya que tiene control sanitario y de calidad, de lo cual carecen los suplementos comercializados por las empresas de productos dietéticos.

 

5-htp para después de los viajes

Los drogófilos bien informados que consumen MDMA suelen tomar 5-htp la semana posterior al viaje, con el objetivo de reponer la serotonina agotada. Los efectos de la MDMA consisten en una mayor actividad serotoninérgica, que se traduce subjetivamente en la empatía, el bienestar y el buen rollo tan conocidos y deseados. La dosis habitual de 5-htp suele ser de 100 miligramos, dos veces al día. No hay ningún estudio que haya demostrado esta indicación, pero todos los indicios empíricos apuntan a su bondad. Además, es lógico que un fármaco que aumenta la producción de serotonina ayude a recuperar el buen funcionamiento neuronal después de haber disfrutado de un incremento en la actividad de este neurotransmisor.

 

 

Historia de la coca y la cocaína - Biblioteca Letras Psicoactivas
 
 

Bibliografía

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- Wikipedia. Entrada “Antidepresivo” (http://es.wikipedia.org/wiki/Antidepresivo).

 

Índice de contenidos del libro:
 

Historia de la coca y la cocaína
J. C. Ruiz Franco
 

Coca (Erythroxylon coca)
Barón Ernst von Bibra
 

Nuestra Señora de Yungas
Mordecai Cooke
 

Las drogas que consumimos. La coca
Johnston
 

El efecto fisiológico y la importancia del cloruro de cocaína
Theodor Aschenbrandt
 

Sobre la coca
Sigmund Freud
 

La cocaína y sus sales
E. Merck
 

Sobre el uso de cocaína para anestesiar el ojo
Karl Koller
 

La coca erythroxylon y sus derivados
Parke, Davis & Company
 

La coca y sus aplicaciones terapéuticas
Ángelo Mariani
 

Cocaína
Aleister Crowley

 

La coca: Una tradición andina
Movimiento Tupay Katari

 

Observaciones sobre la neurobiología de la cocaína y la adicción a esta sustancia
José Carlos Bouso y Jordi Riba
 

Efectos y riesgos de la cocaína
Fernando Caudevilla Gálligo